Como es ¿tradición? vengo en señalar mis agradecimientos del año 2023.
Doy gracias a todo lo que la vida me ha dado, esta experiencia de vida ha sido bastante grata. Cambiar la forma en que uno observa las cosas, el animus y el entendimiento terminan por modificar en gran parte la realidad, te ayudan a encontrar a Zaratustra en tu interior y a ver con los ojos del súperhombre lo que nos rodea.
Doy gracias por mi Marido, sí con M mayúscula, porque es el mejor compañero de aventuras, proyectos, el pilar de apoyo de esta Bruja... perdón, brújula que busca su norte (sur en este caso) sin descanso.
Doy gracias a mi cuerpo, que me contiene, que me mueve, que me cansa, que duele después del ejercicio, que a veces me agobia pero vamos juntas a por esta vida intentando llevarnos bien y sin pecar en exceso.
Doy gracias por mis niñas, Martina y Sansa, que me obligan siempre a usar mi estanque de paciencia y energía al límite.
Doy gracias por mis amigas, que juntas hemos recorrido estos 5 años de estudio, compañerismo y amistad. Gracias a Dios por ponerlas en mi camino en el momento que más necesitaba aprender de la amistad.
Doy gracias por mi trabajo que me ha permitido crecer profesionalmente, me ha permitido estar ad portas de mi egreso como Licenciada en Ciencias Jurídicas y Sociales y siempre aprender cosas nuevas y, ya después de casi 11 años, hacer la pega en tiempo record.
Doy gracias por la ecuanimidad de mi padre, y la rabia de mi madre. Ambas caras de la moneda me han guiado a contrario sensu en el sendero del matrimonio.
Doy gracias y me rindo... me rindo a la gravedad y a lo desconocido que está por llegar, elijo vivir esta vida a pesar de lo difícil que a veces todo nos parece, aunque mis ambiciones sean grandes (a veces demasiado), sé desde el fondo de mi corazón y mi alma que la luz del sol ilumina mi camino, y que incluso en la oscuridad de mi propia ignorancia encontraré la sabiduría para liberarme de las ataduras de la mente y llegar allí donde mi espíritu pertenece.
mi mente se teletransporta a 1.216 km desde el living de mi departamento,
y aunque allí es también de noche,
ante mí aparecen las imágenes del lugar donde pertenece mi alma.
Allí soy la lechuza que vuela sobre mis tierras
y el viento que surca por las tardes y que azota en las noches de tormenta contra mi casa.
Soy el pasto indómito del que hago mulch para mis árboles,
incluso ese espinillo rebelde que crece aunque lo cortes mil veces,
soy sus flores amarillas que cubren todas sus espinas,
soy el pudú que sale de la quebrada a saludarme.
Soy las murras que duermen en invierno esperando el sol del verano para hacer que crescan mis frutos y hacerlos mermelada,
soy las semillas de las moras que nadie comió y que alimentaron la tierra donde se apoyan todos los cercos que separan los sueños de unos de los de otros.
Soy las piedras que decoran con sus colores el suelo areno y las que soportan
el cemento sobre el que se apoya y erige mi casa,
soy el suelo que piso y sobre el que se apoya todo lo que hemos soñado.
Soy esos muebles de cocina que te quedaron maravillosos,
soy la vista de la ventana de la cocina donde se presenta el cielo y sus amaneceres, soy la mesa y los taburetes sobre los que tomamos cafecito y comemos pan tostado con huevos de campo revueltos.
Soy las ventanas transparentes que, hoy cubiertas de cortinas, permiten que la luz entre al hogar y me maravillan con paisaje y de los colores que se puede ver a través de ellas,
soy esas ventanas, hoy limpias y transparentes, que permiten a los ojos llenarse de imágenes que nutren el alma.
Soy la estufa y sus pellets que mantienen mi casa calentita en el invierno y durante el temporal,
Soy las latas que protejen mi casa de la lluvia,
y también la música que se produce cuando baila cada gota sobre su superficie, maravillando al que se guarece bajo mi alerón.
Soy también el camino de ripio y de asfalto que me dirige siempre a casa.
Soy todos los árboles de mi quebrada, el blanco de las flores de quillay,
la madera roja de los arrayanes, el perfume del peumo, la voraz quila, los robustos y añosos robles cuyas hojas susurran al viento melodías de paz.
Soy el agua que corre en mi estero y que alimenta mi casa y mi cuerpo,
soy la lluvia que arrecia en las noches acunando nuestros sueños.
Soy el camino a la playa y al fiordo tranquilo que lo baña,
y la desembocadura de mi río que, constante, viaja desde alguna de las tantas vertientes que riegan esta mágica isla.
Soy las nubes que nacen evaporadas de nuestro bosque,
donde la tierra hace el amor con el cielo.
Soy todas esas hermosas estrellas que puedes observar en las noches de luna llena y que a veces se esconde detrás de las inmensas y tormentosas nubes con sus innumerables tonalidades grises y negras.
Soy los canes de mi vecino, que me ladran cada vez que me acerco a los límites de mi campo con su territorio,
soy quien recibe sus lametazos de saludo y quien les agradece por reconocerme pese al transcurso del tiempo.
Soy el camino serpenteante a Huillinco, ese lago hermoso, quieto y frío, que durante las mareas altas se roba las costas.
Soy las dunas del camino a Cucao,
soy su playa de arenas negras donde las olas golpean con furia su costa en el vendaval.
Soy esa entrada de mar que corta el camino al Muelle de las Almas.
Soy ese vehículo que cargo a tope en cada viaje para retornar mi cuerpo material a aquel lugar donde dejo mi espíritu cada vez que lo visito.
Soy el aguilucho que caza en las tardes,
soy las ovejas del vecino que pastan tranquilas,
soy los loros que vuelan en su bandada y que se posan sobre las copas de los árboles que rodean mi hogar.
Soy el silencio de mi casa vacía,
soy todo eso que dejo allá,
soy la salida Quinched, el camino Huitauque, el portón que me deja acceder a mis sueños hechos realidad,
Soy la cúpula celeste que se cierne sobre nuestras cabezas,
Me encontraba en la Antártida en un viaje con gente muy amena y amigable, el clima era bastante agradable pese al frío, el paisaje era indómito y hermoso, me estaba acercando al fin del mundo.
Muchas rocas escarpadas antes de llegar a un mar calmo con pocas olas, la orilla estaba bañada de piedras bastante grandes, coloridas. El cielo era celeste grisáceo por la bruma del mar. Había una señora mayor, rubia de ojos azules que me trataba con mucho cariño, al igual que su hija, yo estaba sola en aquel lugar inhóspito pero era muy agradable estar rodeada de gente que estuviera preocupada que no pasara frío.
De la nada aparezco acostada en mi cama, mi marido durmiendo en su rinconcito. La luz de la ventana del baño se cuela hacia la puerta de entrada de nuestra pieza. Un zumbido metálico y agudo comienza torturar mi cabeza, en mi sueño siento la presencia de alguien tras la puerta, alguien que dirige esa tortura directamente a mi mente como para mantenerme en un estado de sueño del que mi consciente ya no quiere participar. Abro los ojos, y lo veo allí detrás de la puerta, tenuemente iluminado, sus rasgos grises me miran, sus ojos no brillan con maldad, parece triste o confundido, pero es tanto mi miedo y el dolor por el sonido en mi mente que simplemente intento despertar de mi sueño desesperada. Mi cuerpo no responde, sé que debo despertar, ese ser abre cada vez más la puerta, apoya su mano en ella y puedo ver claramente sus manos sin uñas, las escamas de su piel, y yo no puedo gritar a mi Álvaro que me ayude, él no me siente, él está con Morfeo durmiendo profundamente. ¡Basta, no quiero! grito en mi mente ¡Vete! le ordeno, mis ojos se abren al instante, mi respiración pesada y mi corazón desbocado corre mientras miro hacia la puerta que está totalmente abierta, tal y como la dejamos antes de acostarnos.
Repaso y repaso mi sueño, intentando distinguir cuál fue el sueño y cuál es la realidad, si sigo o no durmiendo. El calor me asfixia, la sed es terrible, siento los labios partidos y secos, apenas y puedo tragar saliva, mi garganta está obstruida por el miedo. Intento agudizar el oído mientras respiro profundamente intentando calmar mis latidos, no siento las garritas de la Martina caminando por el dormitorio, no está su presencia, la cortina de la pieza se mece con el viento, siento como la adrenalina viaja por mi cuerpo, me acurruco al lado de mi marido intentando olvidar la frecuencia que aún retumba en mi cabeza, pero incluso varias horas más tarde, mientras escribo estas palabras, no puedo olvidar.
I feel lonely, just watching the tilting line telling me to write, makes my heart ache. Such weakness...
I know that we are all alone, we are just going by with this existence, trying our best to survive. We choose our partners, but sometimes we make mistakes, and we have to support them, we got to make things work... but sometimes it's just too heavy, even when you try your best, but it seems never be enough.
Sometimes, I love to be like this, in my home office, writing some bullshit about my miserable efforts to make my dreams come true. It feels so heavy, such burden to deal with these emotions, drowning my head, numbing my spirit.
The more the time passes, the more disappointment grows in my soul, Am I not enough? Am I taking the wrong paths through life? Have I done something wrong? Then, why I keep pushing me to be something that I don't want to be? Why should I do things as I have been doing this far?
Why I feel this hole in my chest, this emptiness, this solitude... I'm expecting nothing from you, but you keep pushing me to do more... and I won't do it anymore. This anxiousness of maintain my life, your life, our dreams, my stupids parents, and my college, and being a good woman, a good daughter... always trying to solve everything is so tiring. I don't want to deal with myself anymore, please let me breath, let me sleep, let me drown, once again, in these dark emotions. I need them time to time.
Al atardecer se desmoronaban las nubes en el horizonte, el miedo me obligó a huir de aquella mirada inquisidora... volé y volé tan lejos y tan alto como pude.
En la cima de un edificio me detuve, la noche y su amenaza implacable cayeron sobre los ojos y el mar agitado reflejaba la luna y la oscuridad.
Las olas sin serenidad batían los pequeños botes recalados en la orilla, este maravilloso escenario trajo paz a mi alma hasta que una vieja alma compañera me alcanzó en la inmensidad. En ese instante osé mirar al cielo, nubes tormentosas se asomaron con desprecio.
Ascendí lo más alto que mi imaginación me permitió, buscando la tranquilidad anhelada, esperando aquella esperanza que rebosa a los hombres en las noches de tormenta.
Un rayo cayó del cielo, y desperté en el silencio de mi habitación.